Pero, siempre hay un pero, un sauce llorón adolescente, 14 años recién cumplidos, nos ha decepcionado. Este verano descubrimos con horror que no era leal, que nos estaba perjudicando a escondidas. Sus raíces, llevadas por la voracidad y la codicia, habían colapsado los desagües de la vivienda, convirtiendo la morada en cloaca.
La solución inmediata fue eliminar las raíces intrusas, reparar los desperfectos e iniciar el proceso de reeducación del infractor. Ante la confirmación de los técnicos de que era un caso perdido, ayer con harto dolor, se dio el paso definitivo: Se procedió a la tala por la vía más expedita, la motosierra. Era cuestión de vida o muerte, él o nosotros.
Hoy es mal día, nadie quiere mirar por la ventana, todos notamos su ausencia. Espero que hoy mismo me detengan.
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